Las dos playas oficialmente habilitadas
Playa de Guacimeta, en Playa Honda
- Municipio
- San Bartolomé
- Tramo habilitado
- Unos 165 metros, señalizados
- Horario
- Sin límite
- Suelo
- Arena tostada, aguas tranquilas
- Servicios
- Paseo marítimo, duchas, terrazas al lado
Es la más cómoda de las dos y la que uso más. Está pegada al aeropuerto, así que tu perro va a ver aterrizar aviones a doscientos metros de su cabeza: hay perros a los que les da exactamente igual y otros que se llevan un susto considerable la primera vez, así que ten eso en cuenta si el tuyo es de los sensibles al ruido.
Lo que la hace ganar es que no tiene límite de horario. En verano eso no es un detalle, es la diferencia entre poder ir y no poder: puedes plantarte a las ocho de la mañana o a las nueve de la noche, que es cuando la arena no quema y el sol no cae a plomo. Y al terminar tienes el paseo marítimo con terrazas para tomar algo mientras el perro se seca.
El punto flaco: es una playa urbana, con gente y con otros perros. Si el tuyo es reactivo con sus congéneres, ve a primera hora y no al atardecer, que es cuando se junta todo el mundo.
Playa de Las Coloradas, también llamada El Afre, en Playa Blanca
- Municipio
- Yaiza
- Tramo habilitado
- Unos 150 metros de los 410 de la playa
- Horario
- De 7:00 a 10:00 y de 19:00 a 21:00
- Suelo
- Arena, grava y bolos
- Servicios
- Pocos. Lleva tu propia agua
Fue la primera de la isla. El Ayuntamiento de Yaiza modificó su ordenanza en 2014 para permitir perros aquí, y sigue siendo la referencia en el sur. El agua es tranquila y limpia, y el ambiente bastante más recogido que en Guacimeta.
El horario es lo que más problemas da, y quiero ser claro porque veo a gente llegar a las once de la mañana y llevarse el disgusto: fuera de esas dos franjas los perros no están permitidos, ni siquiera en el tramo habilitado. Y la prohibición sigue vigente para el resto de las playas del municipio de Yaiza, Papagayo incluida.
Ojo también con el suelo. No es arena fina de principio a fin: hay grava y bolos, y a un perro con las almohadillas blandas o a uno mayor le cuesta caminar por ahí. Mide antes de dónde a dónde vais a ir.
Y luego está Famara, y todas las demás
Si vives aquí ya lo has visto: en playas largas y poco vigiladas como Famara, al amanecer y al atardecer es completamente habitual encontrar perros corriendo por la orilla. Pasa igual en tramos de La Santa, en Órzola y en calas del norte a las que casi no baja nadie.
Conviene llamar a las cosas por su nombre: eso está tolerado, no autorizado. Fuera de Guacimeta y del horario de Las Coloradas, un perro en la playa es susceptible de multa, y la cuantía depende de la ordenanza de cada municipio. En la práctica, a las siete y media de la mañana de un martes de febrero en Famara no va a pasar nada. A mediodía de un sábado de agosto en Puerto del Carmen, con las sombrillas puestas, sí puede pasar.
Si vas a ir de todas formas, el sentido común es tu mejor defensa, y no lo digo por lo legal sino por lo otro:
- Primera hora de la mañana o última de la tarde, cuando la playa está prácticamente vacía.
- Lejos de la zona de bañistas y sombrillas, aunque tengas que andar diez minutos más.
- La correa siempre en la mano, no en el coche.
- Bolsas de sobra, y recoger hasta lo que no es tuyo si hace falta.
- Si alguien se incomoda, aunque te parezca que no tiene razón, te vas sin discutir.
Lo digo porque las prohibiciones de este tipo casi nunca nacen de que hubiera perros: nacen de una queja concreta y de un ayuntamiento que reacciona apretando. Cuantas menos quejas haya, más margen nos queda a todos los que salimos con perro.
Las normas que se aplican en las dos playas oficiales
- Documentación en orden: microchip, cartilla y vacunas al día.
- Recoger los excrementos siempre, sin excepción. En Yaiza además exigen llevar líquido para diluir la orina.
- Prohibido asear o bañar al perro en la playa, y prohibido darle de comer allí.
- Correa fuera del agua, y el perro bajo control en todo momento.
- Los perros potencialmente peligrosos, con correa y bozal siempre, y con la licencia en vigor.
- Un perro por persona, y siempre a cargo de un adulto.
Estas cosas cambian de un año a otro cuando los ayuntamientos revisan sus ordenanzas, así que haz caso a lo que diga el cartel que tengas delante antes que a lo que diga esta página.
Lo que yo llevo siempre en la mochila
- Agua dulce y un bebedero plegable. Ninguna de las dos playas tiene fuente para perros.
- Una botella extra solo para aclararlo al salir. La sal seca pica, y un perro que se va a casa con la sal puesta se pasa la tarde rascándose.
- Una toalla vieja para secarle bien las orejas.
- Algo que dé sombra si vais a estar más de media hora. En Lanzarote la sombra natural en una playa no existe.
Tres cosas que aprendí equivocándome
El agua de mar. Dos tragos jugando no pasan nada. Un perro que se pasa media hora persiguiendo olas y bebiendo sin parar acaba vomitando, y si es mucha cantidad se pone malo de verdad. Corta el juego cada pocos minutos y ofrécele agua dulce, aunque parezca que no la quiere.
La arena caliente. Quema mucho antes de lo que uno piensa, y el perro no se queja: sigue andando hasta que ya se ha hecho daño. Si no puedes dejar el dorso de la mano apoyado en la arena siete segundos seguidos, no es hora de ir a la playa.
Las orejas. Perro de orejas caídas más agua salada es la receta exacta de una otitis. Sécaselas por dentro al salir, siempre. Me costó dos visitas al veterinario aprenderlo.