Timanfaya está descartado, y es mejor saberlo antes de salir de casa
En el Parque Nacional de Timanfaya no se permite el acceso con mascotas, con la única excepción de los perros de asistencia reconocidos por la ley canaria. Y aunque se permitiera, tampoco te serviría de mucho: la Ruta de los Volcanes se recorre en guagua y no puedes bajarte del vehículo entre la taquilla y el Islote de Hilario.
Ahora la parte buena. Justo al norte del parque nacional empieza el Parque Natural de los Volcanes, que es el mismo paisaje de coladas, conos y lava negra, y por ahí sí puedes caminar libremente con tu perro. Tres de las cinco rutas de esta lista están ahí.
1. El Volcán del Cuervo
Si solo vas a hacer una, haz esta. Es un cono al que se le abrió un lado, así que el sendero da la vuelta al volcán y además te mete dentro del cráter. Son unos cinco kilómetros de recorrido circular, prácticamente llano, sobre pista ancha.
Por qué funciona con perro: es plano, es corto y no hay tramos técnicos ni pasos donde tengas que subirlo en brazos. Vale igual para un perro mayor que para uno joven.
El problema: no hay ni un metro de sombra en todo el recorrido, y el suelo es lapilli oscuro que acumula calor como una sartén. Esta ruta es de amanecer o de invierno, no de las once de la mañana en julio.
2. Montaña Colorada
Otro circular corto, cerca de Masdache, alrededor de un cono de un rojo intenso que es de donde le viene el nombre. Lo llamativo son las bombas volcánicas: bloques enormes que la erupción escupió y que se quedaron ahí tirados como si acabara de pasar.
Por qué funciona con perro: distancia corta, sin dificultad, y suele estar bastante más vacío que el Cuervo. Buena opción si tu perro se pone nervioso con la gente.
El problema: el mismo de siempre, cero sombra, y algún tramo con piedra suelta.
3. Caldera Blanca
La grande. Se sale desde la zona de Mancha Blanca, se cruza un mar de lava y se sube al borde de un cráter enorme y muy abierto. Es la ruta con las mejores vistas de la isla, y con diferencia la más dura de las cinco: entre ida y vuelta se va a bastantes kilómetros y hay una subida de verdad al final.
Por qué funciona con perro: por el sitio, que es espectacular, y porque no hay pasos de escalada.
El problema: es larga, expuesta y con mucho piso de lava. Yo esta no la haría con cualquier perro. Solo con uno en forma, joven o de mediana edad, en invierno o saliendo de madrugada, y llevando más agua de la que crees que necesitas. Con un perro de morro chato, con sobrepeso, mayor o con las almohadillas delicadas, ni lo intentes.
4. Montaña Roja, en Playa Blanca
Un cono en pleno Playa Blanca, con un sendero corto que sube hasta el borde y desde arriba se ve Fuerteventura enfrente. Se hace en poco más de una hora tranquilamente.
Por qué funciona con perro: es corta, se llega en coche hasta casi el inicio y está en zona urbana, así que si algo va mal estás a cinco minutos del pueblo. Y tiene un remate que a mí me gusta: si vas temprano puedes bajar y acabar en la playa de Las Coloradas, que está a un paso y admite perros de 7:00 a 10:00.
El problema: la subida es sobre picón suelto y resbala, y en la parte alta pega el viento.
5. El barranco de Tenegüime, en Guatiza
Esta es la rara de la lista, y es mi favorita para perros que no aguantan bien el calor. En vez de un volcán es un barranco: se camina por el fondo, entre paredes altas de roca, con suelo de tierra en lugar de lava y con vegetación de verdad. Es lo más parecido a un sitio fresco que vas a encontrar en Lanzarote.
Por qué funciona con perro: las paredes dan sombra buena parte de la mañana, el suelo es blando y no hay desnivel serio. Para un perro mayor, un braquicéfalo o uno recién llegado del norte de Europa que aún no se ha aclimatado, es la opción más sensata de las cinco.
El problema: es zona protegida y hay cultivos alrededor, así que correa y no dejarle campar a su aire.
El picón: lo que de verdad le va a pasar a tus almohadillas
Esto es lo que separa una ruta bonita de una tarde en el veterinario, y es la parte que las guías de senderismo no cuentan porque están escritas pensando en botas.
El lapilli y la lava tienen aristas. No son piedras redondeadas de río: son cristal volcánico partido. Un perro que hace diez kilómetros sobre ese suelo puede acabar con las almohadillas limadas, y lo peor es que no se queja mientras lo hace: sigue trotando contento hasta que se para de golpe y ya no quiere andar. Entonces ya es tarde.
- Empieza corto. Si tu perro es de andar por asfalto y césped, no lo estrenes en Caldera Blanca. Las almohadillas se curten con el uso, pero necesitan semanas, no un domingo.
- Mírale las patas a mitad de camino, no al llegar. Si ves las almohadillas más rosas de lo normal o alguna zona pelada, da la vuelta.
- Botines, si vas a hacer las rutas largas. A muchos perros les molestan al principio y hay que acostumbrarlos en casa, pero para una ruta larga sobre lava valen su peso en oro.
- Revisa entre los dedos al terminar. Las piedrecillas de picón se meten ahí y hacen heridas que no ves.
La hora, que aquí no es un detalle menor
La prueba es sencilla y no falla: apoya el dorso de la mano en el suelo por el que vas a caminar y cuenta hasta siete. Si no aguantas, tu perro tampoco, y él va descalzo.
En verano eso significa salir antes de las nueve o después de las ocho de la tarde. En invierno tienes casi todo el día, que es la gran ventaja de vivir aquí: las mejores rutas de la isla se hacen en enero.
Y ojo con la trampa del alisio. El viento constante te refresca la cara y te hace creer que no hace tanto calor, pero no está bajando la temperatura del suelo ni ayudando a tu perro, que se refrigera jadeando y no sudando. Muchos golpes de calor en Canarias pasan en días ventosos justo por eso.
Agua: no hay ni una fuente en toda la ruta
Ninguna de estas cinco rutas tiene agua. Ni fuente, ni charco, ni bar a mitad de camino. Todo lo que beba tu perro es lo que lleves tú.
Mi regla: medio litro por perro para las rutas cortas y un litro y medio para Caldera Blanca, más un bebedero plegable. Y ofrecérsela cada quince o veinte minutos aunque no la pida, porque muchos perros no beben si están concentrados oliendo.
Señales de que hay que parar ahora mismo
Si ves jadeo muy intenso que no baja al descansar, saliva espesa y pegajosa, encías o lengua de un rojo muy vivo, tambaleo o desorientación, o si simplemente se sienta y no quiere seguir: para, busca cualquier sombra, mójale la barriga, las axilas y las ingles con agua, y déjale beber lo que quiera a pequeños tragos.
Si no mejora en pocos minutos, no esperes a ver si se recupera solo. Un golpe de calor en un perro es una urgencia veterinaria y el tiempo cuenta muchísimo. Ten el teléfono de un veterinario de la isla guardado antes de salir, no lo busques con el perro tirado en la lava.